jueves, 6 de agosto de 2020

Taller de escritura

Tengo diez minutos para escribir en plena libertad.  Eso suena espectacular, hasta que lo quiero llevar a cabo y me doy cuenta que no es tan fácil.

Un lenguaje limitado, aún con todo lo rico que es el castellano en su variedad solo puedo usar las palabras que aprendí, no esas palabras inventadas en mi infancia o las palabras estéticamente bellas por las que me calificaban con un UNO en Contabilidad, palabra que se vería mejor con V y así lo manifesté en mis exámenes hasta que aquella mala nota limitó mi rebeldía ortográfica.

Al aceptar esa libertad limitada, paso a la siguiente casi sin darme cuenta. Solo puedo escribir de lo que sé, lo que conozco, lo que imagino, lo que pienso, lo que está al alcance de mi memoria y nada más, no sé ir más allá.

Como la libertad, que creía tener cuándo decidí casarme con mi novio de la adolescencia, pensando, que iba a disfrutar salir de la casa paterna. Sentía, que siendo la esposa de un típico burgués iba a aprovechar mi tiempo libre, pero enseguida esa libertad se transformó en dependencia económica. Entonces tomé mi libertad al hombro y la llevé para otros rumbos, un lugar diferente, con otros brillos, en los que también me sentí libre por un ratito, tal vez dos. Pero la realidad siempre nos limita.

Lo que daría en este momento por armarme un cigarrillo, si solo hubiese comprado papel para armarlos. Y ahí está la realidad, arruinándome todo otra vez.

Y me siento desagradecida, tengo la posibilidad de escribir lo que quiera y solo pienso en dibujar, con muchos colores, ideas que vuelan sin explicación ni sentido, pero no, eso no está dentro de lo acordado, de lo que debo hacer en esta clase.

Noto que mi imaginación escapa por la ventana mientras miro la hoja en blanco, pienso en ese tiempo limitado, esos diez minutos, que no alcanzan ni para soñar y sin embargo terminan justo cuando todavía no comencé.

Quizás en la clase de pintura se me ocurra qué escribir.


jueves, 30 de julio de 2020

necesario...

Caminó sabiendo que había hecho lo correcto, no había otra manera de pasar el mal trago.

Ya no tenía destino, nadie le iba a dar indicaciones sobre cómo y cuándo hacerlo, eso le dio una paz que hacía mucho no sentía.

Pudo decir que era feliz consigo mismo.

No solo no lo olvidaría, sino que recordaría esta pequeña gran batalla que le acababa de cambiar la vida sin que lo hubiese planeado.

Entró al bar, pero en vez del café negro de siempre pidió un té con masas, esas con frutillas muy rojas, esas que solo comía con su abuela.

La recordó sonriendo y sabía que estaría orgullosa de él.

Dejó propina y salió rumbo al shopping más cercano, era un buen día para cambiar su vestuario gris por algo más cercano a su nuevo humor. Ya nada volvería a ser como antes.


jueves, 10 de mayo de 2018

Cuándo solo confirmas las leyes de Murphy...

Un día, no hoy, no ayer, ni siquiera fue el mes pasado y los que me conocen saben o sospechan la razón...

Pero UN DÍA CUALQUIERA EN MI CIUDAD DE LA FURIA decidí hacer un experimento sobre el transporte público y he aquí el resultado...

Como existen varias líneas de colectivo que van desde mi viejo domicilio a Plaza de Mayo, el primer día de la semana elegí una de ellas y un interno en particular. No es el trayecto más directo pero viajar con Aire Acondicionado y Sentada fue una decisión muy fácil de tomar, considerando que justo de milagrito había salido temprano de casa. Anoté Línea e Interno y le sonreí al decirle "Buenos Días" al chofer intentando recordar su cara para los días siguiente.

Resumen de mi experiencia:

* Día 1: Llegan a la parada 4 colectivos de la misma línea con diferente ramal y elijo el número de interno que seguramente podré recordar (conozco mis limitaciones). GoogleMaps indica que el recorrido completo en ese horario llevaría aproximadamente 34 minutos, lo que me permitiría llegar 10 minutos antes a mi trabajo.
Luego de un paseo por San Telmo mirando vidrieras desde mi cómodo asiento llego a destino en el tiempo estipulado y camino lentamente disfrutando del paisaje, sacando fotos a los edificios con las primeras luces de la mañana y aún así llego 10 minutos antes.

* Día 2: Intento salir a la misma hora, llego a la parada cuando 2 de los habituales 4 colectivos ya se están llendo pero mi interno, MI INTERNO, llega dos minutos después que yo y ahí vamos otra vez.
Mismo chofer, mismo recorrido... y llego 1 minuto tarde a la oficina. 

* Día 3: Me repito a mí misma que el viaje del día anterior fue una excepción a la regla y hoy llegaré a tiempo. Salgo en mi horario habitual, espero el interno fácil de recordar, saludo al chofer como todos los días, y me siento a disfrutar otro viaje... Pero esta vez llegué 10 minutos tarde!!!

Sin teorias comprobables algunas de las leyes de Murphy (quizás sea porque yo solo conozco algunas)

       -  Si algo puede salir mal, lo hará. Es más, saldrá mal de la peor manera, en el peor momento y de una manera que cause el mayor daño posible.
       -  En cualquier fórmula, las constantes (especialmente las registradas en los apuntes de ingeniería) se debe considerar variables.
       -  Entre dos eventos probables, siempre acontece uno improbable.

No importa a quién consulte, no importe a qué hora quieras viajar al microcentro es imposible llegar en el mismo horario... Me quedaría probar el subte pero prefiero evitar esos viajes por un laaaaaaaaaaaargo tiempo, aunque no diré nunca más porque es mucho tiempo y rara vez se cumple.